Lava el vidrio con solución jabonosa, raspa suavemente residuos de pintura y silicona, y seca con toallas de microfibra. Revisa cantos y burletes para evitar granos de polvo que provoquen cráteres. Ventila el espacio, apaga ventiladores que levanten pelusas, y usa guantes limpios para no transferir grasa a la cara adhesiva.
Rocía generosamente el vidrio y la película, alinea el borde superior y deja caer lentamente, expulsando solución con la espátula desde el centro hacia los lados. Recorta excedentes con regla metálica. Si aparece una mota, levanta con cinta, limpia el punto y recoloca. Trabajar húmedo permite reposicionar sin estrés ni prisas.
Sella los bordes con pasadas firmes, evitando arrastrar polvo. No laves durante siete días para permitir que el agua residual evapore. Es normal ver neblina temporal. Si un borde se levanta, reaplica presión con paño templado. Anota observaciones y haz fotos del antes y después para evaluar mejoras de luz y confort.